Libro

Desde la taza de la vasija

Son las 10:00 de la mañana, me encuentro en casa de mi madre haciendo de vientre.

He decidido venir a este lugar por varios motivos, uno de ellos es dar paso a visitar tiendas donde obtener el máximo número de presupuestos posibles que me de credibilidad ante el banco para la concesión de un crédito de empresa que solicitaré a primeros de año.

Desde que tire de la cisterna del bater, con otro humor por cierto, continuo con la narración de lo acontecido en esta mañana de 23 de Diciembre sobre mi experiencia en el centro comercial donde quedamos Eva y yo por primera vez.

Ya apenas me quedan 39 por ciento de batería en el móvil y la tablet ya apenas se ve la pantalla por activación del modo ahorro, la carga no da para más y tampoco he cogido el power bank por falta de interés sobre el asunto de estar mirando la pantalla, el móvil ni si quiera lo tengo conectado, solo encendido para escribir.

Seré breve que tengo prioridades, una de ellas sentarme algo más tranquilo en los asientos de la guagua una vez termine mis entretenidas obligaciones.

La mañana está siendo fantástica, le he dado los buenos días al chofer, el ritmo en la ciudad amada trasciende con una armonía extraordinaria, se respira pura navidad, el tiempo es maravilloso, nos acompaña un sol que brilla como si quisiera reír, me percato que una leve brisa acaricia mis mejillas, la cual me ayudará a refrescar un prometedor día, alejando cualquier duda sobre mis buenas intenciones, la cuales me persiguen sin poder remediarlo.

Soy una persona que no tengo tiempo libre, tampoco tengo una vida digna, me falta mi propia familia y eso al final pasa factura.

La partida exige una magistral estrategia, hay quienes consideran necesario restarnos el tiempo que exigimos para darle sentido a este juego que platea el sistema, todo es factible en la viña del señor, por la boca muere el pez. A través de dichos actos desesperados se manifiesta la clase de miedo que les incita a provocar.

Durante la mañana, ya en la estación de guaguas de San Telmo, me doy una vuelta por los alrededores, en cuestión de 5 minutos siento la necesidad de explorar otro lugar. Sin dudarlo ni un segundo, y después de oír el comentario de un chofer, hacia otro viajero, donde expone lo poco que le gusta que le pregunten a él mientras conduce.

Mejor decido acudir a la oficina de información donde un empleado muy amablemente me indica sin espera, las posibilidades que tengo, si mi decisión es subir al CC Los Alisios.

Unas horas más tarde….

Ya estoy llegando nuevamente a mi lugar de partida, aquí les dejo mis avances en la difícil tarea de hacerse con un crédito que me solucione el tema de la financiación a la hora de ejercer como nómada digital para desempeñar una actividad profesional con material audiovisual que esté a la altura de las exigentes demanda del mercado canario.

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